viernes, 1 de octubre de 2010

Se agotaron las piedras, le va a tocar el patíbulo


La noticia de la suspensión de la ejecución de Shakine Mohammadi Ashtiani, estaba visto, no cabía menos que agarrarla con pinza: la presión internacional ejercida sobre la tiranía ultraconservadora encabezada por Mahmud Ahmadineyad no fue sino una espina en su zapato, que el simpático primer mandatario no vaciló en quitarse. Tuvo que hacer un alto para descalzarse, sí, pero así de fácil se la quitó y siguió su camino.

Ahora resulta que en un acto de oh maravillosa benevolencia para con esta miserable e indigna pecadora, no la van a lapidar sino que va a morir en la horca. Aplauso de pie con dorso de mano para los terroristas.

Terroristas, sí: porque el pueblo iraní vive oprimido por el fanatismo aberrante e inadmisible de quienes, escudándose detrás de la 'tradición' y la 'independencia' del perverso Occidente, aprovechan cualquier pretexto para seguir masacrando a las minorías étnicas y cómo no a las mujeres; esa suerte de Untermenschen de naturaleza pecaminosa e inferior. Es curioso que sea precisamente Ahmadineyad quien, con airada indignación, aduzca que "en Estados Unidos hay 53 mujeres que esperan su ejecución" como una pretendida excusa para desviar la atención sobre las indudablemente muchísimas más que esperan a morir en Irán. Impresionante retórica, Mahmud, eso fue francamente brillante para un fanático: como en Estados Unidos 53 mujeres esperan su sentencia de muerte, Irán no puede quedarse atrás... obviando, naturalmente, cosas tan triviales como haber accedido a un juicio transparente o el haber sido acusadas de algo en primer lugar. Sólo son detalles sin importancia.

No estoy a favor de la pena de muerte ni en Irán, ni en Estados Unidos ni en cualquier parte del mundo; y posiblemente por eso me asquea tanto más hasta la náusea que un perseguidor de mujeres y opositores políticos salte con el pretexto de que "como pasa en otros lados no me lo pueden recriminar". En Occidente no lapidamos a las personas - oh sí, personas, también lo somos las mujeres - a posteriori un juicio turbio, donde las acusaciones cambian constantemente y donde las acusadas son condenadas porque un clérigo ebrio de fanatismo "tiene la firme convicción de que es culpable". No te compares con nosotros, te falta demasiado para eso: ni aunando todos nuestros defectos te llegaríamos a los talones, pobre fanático envalentonado detrás de las cámaras.

En Estados Unidos son 53; en Irán son cientos, como ocurre con los casos de Azar Baghri y Maryam Ghobaranzadeh, entre las tantas víctimas de las que nos hablan quienes tienen la suerte - el privilegio - de poder escapar de Irán. Transcribo textualmente el conciso y contundente testimonio ofrecido por los compañeros bloggers de Red Cuba Libre: Azar Baghri tiene 24 años y hace 10 que está en prisión. Casada con 14, la acusaron de adulterio y desde entonces espera ser lapidada. Para divertirse, sus carceleros le han hecho dos simulacros de apedreamiento. Maryam Ghobaranzadeh, de 25 años, sólo sueña con que la ahorquen en lugar de lapidarla. Estaba embarazada y la forzaron a abortar con 6 meses.

Pero ni Shakine ni Azar ni Maryam son palestinas, ni sus verdugos son estadounidenses o israelíes; por tanto, ni sus historias ni sus vidas (como las de otras cientos de mujeres en su misma situación) importan a los oídos selectivamente sordos de la comunidad internacional. Ellas no son noticia, no sirven a los intereses propagandísticos ni desde luego recaudan votos. Y muy posiblemente vayan a morir, más tarde o más temprano, lapidadas o en la horca. Ignoro si esta piedra arrojada con toda la rabia que puede albergar una mujer llegue a remecer en algo las aquietadas aguas del estanque de lo políticamente correcto, pero si esas mujeres como yo y las que viven lo mismo que ellas son asesinadas, no será nunca con la complicidad de mi silencio. JAMÁS.

Así habló la Verdad

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