
Durante los albores de la Dinastía Qin, el imperio chino inició la construcción de un muro para proteger sus fronteras y mantener a raya a los invasores bárbaros Xiongnu. Con el correr de los años y las sucesivas dinastías, entre reparaciones y ampliaciones, la Gran Muralla pasaría a ser una de las obras arquitectónicas más célebres y en el año 1987 la UNESCO la declararía patrimonio de la humanidad.
Hoy día, durante el apogeo de la era digital y de la comunicación en red, otro tipo de muralla ha sido levantada por el gobierno comunista chino: la censura de Internet.
Habla Isaac Mao, uno de los primeros bloggers chinos:
"La primera capa es técnica. El gobierno ha invertido mucho para construir infraestructura para filtrar, controlar y bloquear sitios web y ver cómo la gente se comunica", asegura.
"La segunda capa es la 'capa social'. Despliega mucha gente para vigilar y seguir las actividades online de las personas.
"La parte más importante es la tercera capa. La llamo la 'capa psicológica'. Debido a los ajustes técnicos y a la policía de internet, los usuarios de internet se han auto-censurado más, temerosos de ser seguidos", agrega.
(Fuente: BBC Mundo)
Célebre es el conflicto que mantiene, entre otros, la archiconocida Google con el gobierno chino en razón de la fuerte presión que este ejerce sobre la multinacional para que filtre en sus motor de búsqueda aquellos contenidos que el gobierno comunista chino considera como "contrarios a sus leyes y su regulación", "disidentes", "desestabilizadores", o directamente "peligrosos". Peligrosos, sí: el gobierno chino tiene todo el miedo esperable en quien desea mantener a una población ignorante y sumisa bajo su yugo tiránico y censor. Cualquier resultado de búsqueda vinculado con la masacre represora en la plaza de Tiananmen (año 1989), con la ocupación china del Tíbet (desde el año 1950) y las consiguientes brutales represiones ejercidas sobre el pueblo tibetano (todos sabemos lo que pasó durante el último levantamiento en Lhasa, capital tibetana, en el año 2008), las represiones también contra la minoría étnica musulmana de los uigures en la provincia de Xinjiang, las persecusiones políticas a cristianos y a practicantes de la disciplina filosófica Falun Gong, con incontables detenidos y desaparecidos y aun vinculaciones al tráfico de órganos; estos son solamente unos de tantos ejemplos de información a la que cualquiera de nosotros accede libremente en Internet, pero que para el gobierno chino es peligrosa y está por tanto bloqueada.
Una herramienta como Internet es algo que trasciende fronteras de un extremo a otro del orbe y nos permite enterarnos de las cosas que pasan en el mundo a sólo minutos de ocurridas las mismas. En la antigüedad se quemaban libros; en la actualidad, se filtran motores de búsqueda.
El gobierno chino debería aprender un poco de su propia historia: la Gran Muralla, al final, no supuso un obstáculo mayor para las hordas que la sortearon una y otra vez. Nadie puede ser sincero consigo mismo y creer realmente que los muros virtuales se sostendrán en el siglo XXI. Es sencillamente imposible.
Así habló la Verdad

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