sábado, 6 de marzo de 2010

Débil, pero amordazado jamás


Se llama Guillermo Fariñas, tiene 48 años y es licenciado en psicología. Es un disidente político cubano como tantos otros, un hombre valiente que no se amedrenta ni se calla nada sobre las vejaciones imperdonables que sufre su pueblo desde hace medio siglo bajo la suela del régimen castrista.

Guillermo, a diferencia de tantos otros héroes anónimos de la resistencia cubana, es noticia porque lleva ya 11 días de huelga de hambre para protestar y pedir la liberación de los presos políticos. Inició su huelga al día siguiente de la muerte de otro hermano de causa, Orlando Zapata, quien falleció en una cárcel cubana tras nada menos que 2 meses de huelga de hambre. Con Guillermo tampoco han surtido efecto ninguno los intentos de disuadirlo: aunque se reconoce muy débil a raíz de su ininterrumpido ayuno, es un honor para él morir por sus ideales y está dispuesto a llegar a eso. No es, al fin y al cabo, la primera vez que emprende una huelga de hambre: de entre las muchas que ha emprendido cabe destacar la del año 2006, en protesta para reclamar el libre acceso a Internet, que lo dejó lo suficientemente mal para acabar siendo internado y alimentado por vía intravenosa.

Hoy, ni siquiera la petición expresa del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Morantinos, consigue quebrar la voluntad de hierro de Guillermo y su decisión inamovible de continuar con su huelga hasta conseguir la liberación que ha pedido. Morantinos le pidió que dejara la huelga "para que su país pudiese negociar el mes próximo con Cuba el tema de los derechos humanos"... una vez más, negociar. Negociar, negociar, negociar. Siempre negociar y no llegar a nada más que conminaciones que entran por un oído y salen por el otro al dictador cubano.

Guillermo resiste, inamovible, en un gesto extraordinario y conmovedor de solidaridad para con sus compatriotras prisioneros de conciencia. Lo mejor que podemos hacer quienes como él deploramos la dictadura castrista y su opresión al pueblo cubano, además de acompañarlo en el sentimiento y en nuestras oraciones, es hablar. Hablar todo lo que sea necesario, no callarnos nunca ni por un momento.

El mundo no se quedará sin saber la verdad por complicidad nuestra.

Así habló la Verdad

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